Una lectura crítica de la literatura existente sobre este tema lleva a sospechar que el concepto de resiliencia puede ser tautológico. Por ejemplo: “¿Por qué esta persona no presenta depresión, a pesar de haber estado expuesta a abuso sexual en la infancia. Porque es resiliente. ¿Y cómo saben que es resiliente. Porque no está deprimida." Esta falacia surge cuando se emplea el término resiliencia para denotar dos cosas distintas a la vez: (1) la relación entre los factores
de riesgo y la salud subsiguiente; y, (2) las variables que moderan el efecto de los factores de riesgo. Un ejemplo del primer uso del término sería “se considerarán resilientes todos/as quienes no están deprimidos". En este sentido, la resiliencia no es una variable psicológica en sí misma. Esto es, sólo puede medirse de acuerdo a la relación riesgo - salud definida a priori en un estudio particular. Lo que sí pueden ser variables psicológicas son los factores o mecanismos que explicarían esta resiliencia. Por otro lado, cuando el concepto de resiliencia se refiere al segundo aspecto, es decir, las variables que moderan el efecto de los factores de riesgo, se habla de las dimensiones de la resiliencia (ej. autoestima, redes sociales). Para evitar este problema proponemos usar el término en una sola de sus acepciones. Al momento de elegir una de ellas, no favorecemos la segunda acepción – es decir, para referirse a las variables que moderan el efecto de los factores de riesgo — ya que estas variables son relativas tanto al factor de riesgo
como al resultado que se mide.
1 . En primer lugar, los factores protectores frente a un factor de riesgo no serán necesariamente los mismos que frente a otro. Esto es especialmente cierto al comparar factores que ocurren a distintos niveles. Por ejemplo, si se toma la pobreza como factor de riesgo, es posible que se encuentre que el buen cuidado parental es un factor protector. En cambio, si el factor
de riesgo considerado es el mal cuidado parental, resulta ridículo pensar en el buen cuidado como factor protector. Por esto, no parece convenientereificar la resiliencia como si ésta fuese una característica absoluta y única que garantizaría la salud mental de la persona, independientemente de los factores de riesgo considerados.
2 . En segundo lugar, si queremos hablar de la resiliencia como el elemento clave que explica buenos resultados en personas sometidas a riesgo, esto implicaría una covarianza de los diversos resultados que se pueden medir. Actualmente existe evidencia empírica de lo contrario. Por ejemplo, de acuerdo a la revisión de Luthar y Zigler (1991), los niños y niñas sometidos
a altos niveles de estrés, y que a pesar de esto presentan buenos índices decompetencia social o conductual, presentan niveles de ansiedad y depresión comparables con los de aquellos niños y niñas menos adaptados conductualmente. Si existiese un solo mecanismo que explicase los buenos desempeños a pesar de la adversidad, esta discrepancia no hubiera debido existir. Los hallazgos arriba citados son consistentes con la distinción entre síntomas “externalizadores", orientados a la acción (como conducta agresiva), e “internalizadores", orientados al pensamiento (como ansiedad y depresión; Achenbach & Edelbrock, 1987). Una solución posible a este problema sería considerar medidas de resultado más amplias – p. ej., que incluyan tanto síntomas internalizadores como externalizadores - (Luthar & Zigler, 1991; Rutter, 1993). De acuerdo con esta línea, los niños y niñas que presentan una alta competencia social pero además presentan ansiedad, lisa y llanamente no serían resilientes, mientras que sólo lo serían aquellos y aquéllas que presenten una buena salud mental global. Sin embargo, si los mecanismos que llevan a los síntomas externalizadores no son los mismos que llevan a los internalizadores, entonces parecería conveniente estudiar ambas “resiliencias" por separado. Las medidas de resultado más amplias también son plausibles, pero no en desmedro de las medidas más específicas. Por estas razones, proponemos reservar el término “resiliencia" para referirse a la relación de discordancia entre un factor de riesgo específico (o un grupo específico de factores de riesgo) y uno o más aspectos, también específicos, de la conducta o la personalidad. O sea, si Juan sufrió abuso sexual cuando niño, y ahora él no presenta depresión, entonces lo llamaremos resiliente. O, mejor dicho, diremos que es resiliente a desarrollar depresión tras haber sido sometido a abuso sexual. En resumen, lo que proponemos es pensar en la resiliencia, no como una cosa, sino como un concepto que permite distinguir categorías de personas en un estudio particular.
Si quieren saber mas dejenme su correo y les dare el link , pues lo que muestro es una pequeña parte del articulo. Espero les haya gustado.
Se despide Diana.
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